Estar soltera

Durante muchísimos años de mi vida sentía la presión por tener novio. Todo comenzó desde la secundaria cuando todas mis compañeras comenzaron a interesarse más por los chicos y nuestro mundo giraba entorno a eso. Yo comencé a ver muchas películas sobre amor deseando que algo similar me sucediera, unos años después llegaron los libros de romance a mi vida, y mi perspectiva del amor cambió aún más, siendo muy cursi, queriendo ese tipo de estándares en mi vida. Pero me sentía defraudada cada vez que conocía algún chico porque veía que ellos no eran cómo los protagonistas de las películas o aquellos libros que me hacían soñar despierta. 

Comencé a tener novios y me dolía muchísimo ver que el amor que yo esperaba no existía, me comencé a frustrar cada vez más por cada decepción y estúpidamente romantizaba cualquier acción de amabilidad e interés. Me daba miedo sentirme sola, no sentirme amada y quería compartir momentos con alguien. Y hace unos meses atrás sentía de nuevo la necesidad de estar con alguien, cuando había terminado mi última relación tan solo hace unos 3 meses, claramente no estaba lista para volver a salir con alguien más, pero yo sentí esa necesidad. Volví a hablar un chico, con el que había tenido una historia inconclusa, todo parecía perfecto, yo sentía que le gustaba y a mi también me gustaba él. Pero por esa necesidad de tener novio deje pasar muchas faltas de respeto de su parte, dejaba que me tratara mal, que hiciera de menos mis sentimientos y opiniones, recuerdo con mucho coraje cuando le contaba alguna anécdota y siempre me decía “quien te preguntó?”. 

Esta última “relación” que tuve me hizo darme cuenta de lo poco que me quería, y de lo que estaba dispuesta a aceptar con sentir un poco de amor de su parte. Romanticé lo más mínimo como “me escribió los buenos días”, “me invitó a salir a …” o un “hoy no me habló de su ex”, cuando en realidad se la pasaba hablándome de otras chicas, había veces en las que salíamos con amigos y no me dirigía la palabra, o me hacia sentir estúpida. Pero todo eso se me olvidaba cada que nos besábamos, sin duda, él me dio de los mejores besos de mi vida; la conexión, la confianza y la magia que sentía cada vez que nos besábamos me hacia sentir en las nubes, todos los problemas dejaban de importar y por unos cuantos minutos solo éramos nosotros envueltos en una conexión única.

Cada vez que nos besábamos le preguntaba “realmente te gusto?”, él siempre respondió que si, pero algo en el fondo de mi corazón sentía que me estaba mintiendo. Me comencé a frustrar cuando mi estado de ánimo dependía de si estábamos bien él y yo en ese momento, me comencé a frustrar cuando veía el poco interés de su parte, pero cada acción que él tuviera la justificaba. Un lunes, mientras seguía justificando todas sus acciones y pensando que todo era mi culpa, llegue a una conclusión, yo no merecía ser tratada así. Me dolió hablar con mi mamá sobre el tema, porque vi el poco amor propio que me tenía a mi misma, aceptado faltas de respeto de parte de ese chico; quise ponerle alto, por lo que débilmente le envié un mensaje expresando mis sentimientos, a lo que a las tres horas él me respondió que seguía queriendo a queriendo a su ex y que él no estaba en su mejor momento. Lloré, lloré y lloré, cada canción que escuchaba parecía que describía completamente mi situación, sentía un profundo dolor en mi corazón mezclado con odio, odio dirigido hacia él y también a mi. No fui capaz de responder el mensaje, pero unas cuantas horas después él me envió un “Te quiero mucho Regina, nunca fue mi intención hacerte sentir mal, perdón”. Recuerdo haber amanecido el día siguiente con los ojos hinchados.

Él y yo dejamos de hablar, y para mi buena suerte fui a visitar a mi mejor amiga a la ciudad dónde estudia. Pasé casi tres semanas a su lado, tres semanas en las que solo pensaba en él, en las que me sentía estúpida, en las que quería llorar a cada rato. Agradezco mucho mi amistad con ella, porque me hizo ver la situación desde diferente perspectiva, me ayudó a comprender que no era mi culpa toda la situación, porque bueno, una gran parte de mi sentía que yo no era suficiente, sentía que me faltaba ser bonita, graciosa, delgada, inteligente, y tal vez si yo hubiera sido diferente él se hubiera quedado y me hubiera tratado mejor, yo pensaba eso.  Y estar con ella se sintió como ir a rehabilitación, me ayudó a recoger todas las piezas de mi corazón, me ayudó a saber que yo no estaba sola y me enseñó el hermoso amor de una amistad tan única. 

Cuando regresé a mi ciudad me lo encontré en una fiesta, fiesta en la que me puse super mal y llamé “puta” a una chica, por el simple hecho de que él tuviera su brazo alrededor de su hombro. Yo no recordaba haber dicho eso, pero una “amiga” me lo hizo saber y recuerdo haber llorado horas, sentía que había fallado con mi sororidad y me odiaba a mi misma por haberla culpado a ella y no a él. En un intento de buscar ayuda comencé a leer sobre el amor propio, comencé un “reto de amor propio en 30 días” y siendo sincera me ayudó muchísimo. Comencé con pequeñas cosas como ver mi película favorita o aprender a tenerme paciencia, vi toda la situación con ese chico como una forma de crecer y gran aprendizaje. Entendí que yo no era insuficiente, entendí que él tenía sus propios problemas y aunque todavía le tengo un poquitito de coraje lo perdono, porque al final ninguno de los dos entendía lo que estábamos pasando.

Y en este punto de mi vida, por fin me siento bien de ser soltera, disfruto muchísimo estar sola o acompañada de mi mejor amiga. No me siento incompleta, ni insuficiente, ni siento la necesidad o presión de tener novio. Gracias a ese amor propio estoy escribiendo este blog, porque creo que intentar cosas nuevas con amor y paciencia es parte de quererme. Abrazar todas las facetas de mí y tratar a los demás con el amor y respeto que se merecen creo que habla mucho de mi proceso de sanar.

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